Fortalece lo que queda

Zaid, de Yemen, permanece firme frente al peligro

Era una noche fría cuando Zaid* fue expulsado de la casa de sus padres. Vagó por las calles de su ciudad natal en Yemen, perdido y confundido. Las dudas recorrían su mente: “¿Vale la pena esta nueva fe? ¿Vale la pena todo lo que estoy pasando?”


El caminar de Zaid con el Señor no ha sido fácil, ni seguro. Pero escuchar a este valiente hermano yemení es un recordatorio de lo que Dios hace en la vida de millones de personas que arriesgan todo por su fe. Y todo comenzó con un sueño.

“Empecé a dudar de todo”

Zaid creció en un hogar musulmán conservador en Yemen. “Veía a mis padres y a mi familia orar desde pequeño. La oración era una obligación importante y pesada”, dice.


Hacía de todo para evitar que Dios lo rechazara. “En la infancia, yo oraba y me aseguraba de ir regularmente a la mezquita. Seguía todas las enseñanzas y rituales. Quería que Dios me amara y se agradara de mí, para poder asegurar una vida después de la muerte. Me sumergí en los estudios islámicos, leí y memoricé partes del Corán. Defendía el islam con todo el corazón en internet y quería que las personas supieran que el islam es el único camino”, cuenta.


Cuando tenía 16 años, comenzaron sus dudas. Recuerda una noche, después de terminar sus oraciones nocturnas, en la que pensó: “¿Iré al paraíso?”. “Empecé a dudar de todo, desde la religión que había practicado desde niño hasta lo más profundo”, dice.


Entonces comenzó a explorar otras creencias y religiones de las que había oído hablar y a poner a prueba su propia fe. Poco a poco, a medida que se profundizaba, empezó a ver fallas en su religión. «Muchas ideas que aprendí desde niño ya no tenían sentido para mí».


Zaid sabía que existía una verdad real en algún lugar, y quería —y necesitaba— encontrarla. “Yo era activo en línea, usaba las redes sociales para investigar y debatir”, cuenta. Donde antes utilizaba su presencia digital para defender el islam, ahora estaba del otro lado. “Mi propósito había cambiado. Quería convencer a las personas de que dejaran el islam, así como yo lo hice. Quería conversar con agnósticos o ateos como yo. Necesitaba pertenecer a algún lugar”.


“Fue un período difícil para mí. Empecé a leer un poco sobre el judaísmo, luego un poco sobre el cristianismo, después un poco sobre el ateísmo. Necesitaba encontrar respuestas, algo que pudiera llenar mi vacío creciente”, recuerda.

Una luz en un jardín

“Mi idea sobre los cristianos estaba muy distorsionada. Para mí, los cristianos eran infieles. Creían en tres dioses y comían carne de cerdo… en resumen, personas desagradables. Eran nuestros enemigos. Pero lo que encontré en línea fue intrigante”, explica.


Al principio, Zaid no estaba convencido. “Leía sobre el cristianismo para atacar a los cristianos. Intentaba ganar debates con ellos en internet. Sin embargo, cuando me daba cuenta de que no podía ganar, los insultaba para ver su reacción. Lo que me atraía de ellos era el amor. Ellos tenían amor y no me insultaban de vuelta”, dice.


Zaid vivió toda su vida en Yemen, pero nunca había oído hablar de Jesús fuera de los versículos del Corán que se refieren a él como profeta. Nunca había conocido a un cristiano personalmente. Y se dio cuenta de que no sabía nada sobre la fe cristiana. “Poco a poco, empecé a escuchar para entender y no para discutir. La idea de que Dios nos amaba, que nos creó a su imagen y que envió a su Hijo para morir por nosotros eran pensamientos y verdades totalmente nuevos para mí”, cuenta.

Entonces, Zaid decidió clamar a ese nuevo Dios del que estaba leyendo y oyendo. “Una noche, antes de dormir, pedí: ‘Dios, si existes en el cristianismo, muéstrame, y yo iré a Ti. ¿Dónde estás? Sálvame’”.


Aquella noche, y durante varias noches consecutivas, Zaid tuvo el mismo sueño.

“Estaba en un jardín verde y veía una luz intensa. Esa luz se acercaba a mí y entonces una voz decía: ‘Dejé a las 99 y vine a buscarte’. Me desperté asustado”, comparte Zaid, con lágrimas en los ojos al recordar el sueño.


“Tomé mi celular y, apenas deslicé la pantalla, apareció una imagen: un jardín verde y la figura de Jesús de pie, rodeado de ovejas. En la imagen estaban escritas las mismas palabras que había escuchado:

‘Él dejó a las 99 y fue tras de ti’. En ese momento, sentí como si el mundo se hubiera detenido”.

Un bautismo “público”

Zaid estaba desesperado por aprender más sobre Jesús. “Descargué una aplicación de la Biblia y comencé a leer; agradezco a Dios porque Él se reveló a mí”.


En Yemen no existen iglesias públicas que las personas puedan visitar para aprender más sobre Jesús. “No había encuentros presenciales con otros cristianos; todo sucedía en línea”, comparte.

“Durante un año y medio hice un camino de discipulado y crecí en mi fe en Jesús. Por WhatsApp, intercambiaba mensajes constantemente con un hermano llamado Alaa* [un colaborador de Puertas Abiertas]. Nunca lo conocí. Ni siquiera sabía cómo era físicamente. Nunca escuché su voz. Solo intercambiábamos mensajes, por cuestiones de seguridad. Pero yo quería recibir todo lo que pudiera”.


Mientras era discipulado en su nueva fe, Zaid decidió que quería ser bautizado y obedecer la palabra que estaba devorando. “Alaa me dijo que lo organizaría, que enviaría a un hermano que vivía cerca de donde yo estaba, y que él podría bautizarme si yo estaba realmente firme en mi decisión. ¡Claro que lo estaba! ¡Quería obedecer!”.

Escenificación con Zaid, ilustrando el momento en que fue bautizado

El bautismo de Zaid fue arriesgado. Si él o el hombre que lo encontró hubieran sido descubiertos, podrían haber sido arrestados o incluso asesinados. Pero Zaid sabía que su compromiso con Jesús era mayor que cualquier peligro.


“Me encontré con el hombre [enviado por Alaa] en una calle. Le estreché la mano y caminamos juntos hasta una piscina pública. Era un día concurrido y la piscina estaba llena de gente. Bajamos los escalones hasta un rincón de la piscina. El hombre me hizo dos preguntas sencillas sobre mi fe y luego me bautizó, me sumergió y me sacó del agua, y salimos de inmediato. Nunca más lo volví a ver después de eso. Fue la primera vez que conocí a un cristiano personalmente en Yemen”, recuerda Zaid.


Después de aquel día, Zaid continuó su estudio de las Escrituras, confiando en el Espíritu Santo para guiarlo y hacer madurar su fe. “Me di cuenta de que ese Espíritu me permite hacer milagros en Yemen. Lamentablemente, una realidad común entre los jóvenes de mi país es que, cuando conocen a Cristo, deciden dejar Yemen para vivir su fe libremente. ¡Los entiendo! Sin embargo, yo no quise ni quiero eso. Quiero quedarme y servir a mi pueblo”, dice.

La transformación en la vida de Zaid era evidente. “Yo era una nueva creación en Cristo. Dios me liberó, me purificó, me ayudó a luchar contra mis malos pensamientos, y mi salud mental mejoró mucho. Cuanto más tiempo pasaba con Él, más me transformaba”, explica.

Una deshonra, despreciado por la familia

Él no le contó a su familia que había dejado el islam, pero ellos notaron un cambio en él. Zaid sabía que, si su familia descubría el motivo detrás de los cambios en su estilo de vida, su decisión de dejar el islam sería una enorme deshonra para ellos, una decisión imperdonable.


“Había hablado de Jesús a mis primos, y dos de ellos llegaron a creer en Cristo. Claro que no todos con quienes compartí las buenas nuevas aceptaron. Las nuevas ideas no son bienvenidas en todos los lugares ni por todos… especialmente por mi padre”, dice Zaid.


Así fue como el joven recién convertido terminó en las calles. “Había llevado una Biblia a casa y la mantenía escondida en mi habitación. Cuando mi padre la vio, quiso saber qué hacía ese libro en mi cama. Le dije que me había hecho cristiano, afirmé que Jesús es Dios y que había dejado el islam”.

La valiente revelación le costó todo a Zaid. El padre de Zaid era una figura religiosa. Para él, su hijo era un infiel por haber abandonado el islam.


“Mi padre me golpeó mucho. Quedé con moretones por todo el cuerpo. Fue la primera vez que levantó la mano contra mí. Vi un lado de él que nunca había visto. Mi padre es un hombre bondadoso y dulce, pero su reacción fue lo contrario. Fui golpeado una, dos, tres veces cuando me mantuvo encerrado en casa durante dos días. Cuando mi hermano mayor intercedió, fui expulsado”. Zaid fue echado de su casa y repudiado por sus padres.


“Cuando recuperes la cordura, vuelve. No le cuentes a nadie que te hiciste cristiano; vas a arruinar nuestra reputación. Qué vergüenza”. Esas fueron las últimas palabras que Zaid escuchó de su padre. Palabras que lo hirieron profundamente.

“Si Pablo pudo… yo también puedo”

Zaid logró ponerse en contacto con dos amigos de la universidad a quienes les había hablado de Cristo, y juntos decidieron alquilar un departamento en otra ciudad.


En esa nueva ciudad, Dios le proveyó un trabajo a Zaid, y él se conectó con una iglesia local. “Dios me dio todo lo que necesitaba. Comencé a servir a las personas a través de la iglesia local. Discipulé a muchos; bautizábamos a nuevos convertidos, encontrábamos personas que estaban interesadas y caminábamos en procesos de discipulado con quienes buscaban esperanza”.


Después de un tiempo de ministerio activo, Zaid sintió que Dios quería que hiciera algo nuevo y diferente entre los yemeníes. “Mi visión es vivir como Pablo. Él vivió en un lugar peligroso, similar al mío. Estaba rodeado de fariseos; yo estoy rodeado de extremistas. Aun así, Pablo transformó su comunidad, llevándola de las tinieblas a la luz, con y por medio de Dios. Yo quiero ser un espejo que refleje a Jesús. Por la gracia de Dios, me esfuerzo por entregar la palabra de Dios a todos a mi alrededor, la acepten o no. Estoy esparciendo las semillas; hay muchos tipos de suelo, pero busco cumplir mi parte”.


Zaid ve otras semejanzas también. Pablo fue un perseguidor de cristianos que terminó arriesgándolo todo para compartir el evangelio en un ambiente hostil… y que se negó a irse. Eso es lo que Zaid desea: permanecer en su país, sirviendo a su pueblo, sin importar el costo. “Si Pablo pudo, y él es una persona, un ser humano como yo, entonces yo también puedo. Como Dios está en nosotros, podemos ser luz para todos a nuestro alrededor”.

Fortalecer lo que queda

Con la ayuda de socios locales de Puertas Abiertas, Zaid está iniciando una casa de discipulado donde los nuevos cristianos pueden estar juntos y ser discipulados día tras día. Su visión es ofrecer un espacio seguro con estudios bíblicos diarios para dialogar sobre cuestiones difíciles y temas desafiantes: un lugar para preparar líderes que guiarán iglesias domésticas en todo el país. “La población de Yemen es de 40 millones. Mi visión es tener 40 mil iglesias domésticas activas. Queremos llegar a una etapa en la que haya una iglesia doméstica por cada mil yemeníes, un lugar donde puedan disfrutar de la comunión y crecer juntos”.


Pero Zaid y otros cristianos en Yemen dependen de tu apoyo y de tus oraciones para que esta visión se haga realidad. Ellos saben que necesitan al cuerpo de Cristo global para fortalecer lo que queda en Yemen.


“Hace poco, pedimos oraciones específicas por una reunión delicada que tuvimos, y los hermanos enviaron un audio por WhatsApp orando por nosotros. Reprodujimos el audio al inicio de la reunión y fue un ánimo increíble. No solo para mí, sino para todos los hermanos presentes. Fue como una carga espiritual, como cuando recargas la batería del celular. Nos sentimos muy alentados al saber que tenemos hermanos que están orando por nosotros. Lo más fuerte que tenemos son nuestras oraciones”, cuenta Zaid.

Zaid ve a la iglesia en Yemen como una extensión de la iglesia primitiva: un conjunto de iglesias domésticas que arriesgaban todo para seguir a Jesús. “Sé que Dios nos va a proteger y nos dará los mismos recursos que le dio a la iglesia primitiva”, dice. “Cuando los discípulos fueron enviados a distintos lugares para predicar, Dios estaba con ellos, dándoles capacidad y recursos. Debemos ir a los lugares oscuros. Somos la luz y llevamos la luz dentro de nosotros. Debemos reflejar esa luz para que todos puedan verla”.


“Honestamente, como una persona normal, sí, tengo miedo. Pero si no corremos riesgos, no lograremos alcanzar a nuestras comunidades. Incluso los discípulos arriesgaron mucho; enfrentaron persecución, fueron asesinados, golpeados, vigilados… pero gracias a sus sacrificios, la palabra de Dios llegó hasta nosotros. Un día, la policía puede arrestarme o alguien puede matarme, pero Dios estará conmigo”.

Oración

“Oren por paz, no solo paz frente a la guerra, sino paz espiritual. Queremos que Jesús reine sobre Yemen. Que Dios abra los ojos del pueblo para verlo. Que el Señor continúe su obra y me dé fuerzas para liderar el ministerio al que me llamó”.